
31/03/2026
¿Qué falta para que avancemos hacia la circularidad?
Por Dr. Edson Grandisoli
Huella ecológica, huella de carbono, Día del Sobregiro de la Tierra, huella hídrica… Todos estos indicadores han mostrado durante décadas que la humanidad ha venido superando de forma persistente, sistemática y cada vez más acelerada varios límites planetarios. Los impactos afectan a las personas y a los propios servicios ecosistémicos de los que dependemos, lo que, tarde o temprano, impacta la viabilidad de nuestro propio sistema económico.
Si has reflexionado sobre el párrafo anterior y lo asocias con la expresión “dispararnos en el pie”, es muy probable que te hayas preguntado: ¿qué estamos esperando? Ya contamos con investigación, información y tecnologías suficientes para entender la urgencia del momento y actuar.
Considerar la transición de una economía lineal a una circular, por ejemplo, depende de comprender que los múltiples procesos y actores involucrados en los sistemas de extracción, producción, consumo y disposición deben estar alineados para garantizar la circularidad. Pensemos en una cadena de bicicleta: si un solo eslabón está desalineado, afectará directamente el resultado final.
Algunos principios básicos de la economía circular ya están bien establecidos: eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en uso el mayor tiempo posible y regenerar los sistemas naturales.
Los casos de éxito se multiplican. Las tecnologías de reaprovechamiento avanzan. Los modelos de negocio circulares ganan visibilidad. La base conceptual y técnica es consistente. Aun así, la economía global sigue siendo predominantemente lineal. Extraer, producir, consumir y desechar continúa siendo la lógica dominante. Las iniciativas circulares crecen, pero aún ocupan espacios marginales frente al volumen total de producción y consumo.
¿Cómo reducir la distancia entre saber y transformar?
El conocimiento técnico es un factor clave. Orienta prácticas como el ecodiseño, la logística inversa, la remanufactura, la reutilización y el reciclaje. Gran parte del sector empresarial comienza a incorporar estos principios, ya sea por presión regulatoria, eficiencia o posicionamiento estratégico. Surgen innovaciones en envases, materiales y plataformas de intercambio. Las políticas públicas ganan fuerza en Brasil y en el mundo, impulsando financiamiento e innovación.
Una vez más, la respuesta no está en la falta de información, sino en la fragmentación, la falta de articulación y el escaso diálogo entre los diferentes procesos y actores de la cadena. La economía circular, por su naturaleza, exige corresponsabilidad, lo que implica una reconfiguración profunda hacia nuevas cadenas de valor, nuevos modelos de negocio y nuevos patrones culturales.
Sin embargo, muchos procesos siguen anclados en la lógica lineal, lo que dificulta o retrasa la circularidad. Por ejemplo:
- El modelo económico aún privilegia la producción a gran escala basada en recursos vírgenes, generalmente más barata que la recuperación de materiales;
- Las cadenas globales fueron estructuradas para eficiencia de costos a corto plazo, no para circularidad;
- El sistema financiero sigue orientado a retornos rápidos, dificultando inversiones de largo plazo;
- Existen barreras culturales relevantes: el consumo aún prioriza lo nuevo frente a lo duradero o reparable;
- La obsolescencia, muchas veces planificada o percibida, sostiene ciclos acelerados de consumo;
- La idea de propiedad sigue predominando sobre la lógica de uso.
El resultado es una configuración híbrida. La circularidad avanza, pero convive con estructuras profundamente lineales.
Este escenario evidencia que la circularidad no se logra con acciones aisladas. Requiere alineación entre múltiples sistemas: diseño, logística, regulación, incentivos económicos y comportamiento del consumidor.
También existe una fuerte inercia sistémica. Las infraestructuras y cadenas fueron diseñadas para operar linealmente. Cambiar esto implica rediseñar flujos, contratos y relaciones.
Otro punto clave es la asimetría entre costos y beneficios. Los beneficios son difusos y de largo plazo, mientras que los costos son inmediatos, lo que genera resistencia.
Además, la circularidad depende de redes. Requiere colaboración entre empresas y coordinación público-privada.
Aunque hay avances —como modelos de producto como servicio y tecnologías de reciclaje— aún no es suficiente para cambiar la lógica dominante.
En sistemas complejos, el cambio ocurre cuando hay convergencia. Aún estamos en una fase de acumulación de iniciativas.
También está el desafío de percepción de valor. La economía lineal externaliza costos, mientras la circularidad los internaliza. Sin correcciones, compite en desventaja.
**Este texto fue traducido automáticamente con la ayuda de inteligencia artificial y revisado. Aun así, pueden presentarse pequeñas diferencias con respecto a la versión original en portugués.
