
25/05/2026
El papel de las universidades en la transición hacia una economía circular
Por Flávio de Miranda Ribeiro
La Economía Circular no es simplemente una nueva tendencia vinculada a la sostenibilidad, sino un cambio profundo de valores y prácticas que exige transformaciones sistémicas en la manera en que producimos, consumimos y descartamos. Y para que esta transformación sea consistente, duradera y técnicamente fundamentada, las universidades deben ocupar un lugar central en este proceso.
No es casualidad que la Constitución Federal de Brasil de 1988 haya consagrado el principio de la inseparabilidad entre enseñanza, investigación y extensión como base de la actuación universitaria (artículo 207). Estos tres pilares, reconocidos por el Ministerio de Educación y por CAPES como estructurantes de la vida académica, ofrecen una guía precisa para comprender cómo las instituciones de educación superior pueden contribuir, de manera concreta y diferenciada, a la transición circular en Brasil.
Extensión: la universidad como aliada de la transformación
Una investigación de la Confederación Nacional de la Industria (CNI, 2025), realizada con 253 industrias, reveló que seis de cada diez empresas brasileñas ya conocen el concepto de Economía Circular. Se trata de un avance importante, pero conocer el término está lejos de garantizar prácticas circulares efectivas. La mayoría de los proyectos todavía se concentra en reciclaje, como también muestran los análisis de proyectos financiados por FINEP entre 2017 y 2021. Existe un enorme espacio para avanzar en otros niveles de la circularidad, como el diseño de productos, la gestión de materiales y los modelos de negocio.
Es justamente en este espacio donde las universidades y los Institutos de Ciencia y Tecnología (ICTs) pueden generar un diferencial real: el uso del método científico para respaldar decisiones empresariales y políticas públicas.
En el sector privado, por ejemplo, pueden ofrecer diagnósticos organizacionales, proyectos piloto, estudios de viabilidad, propuestas de metas e indicadores, asociaciones de investigación y desarrollo tecnológico. Todas estas iniciativas adquieren otra profundidad cuando están sustentadas en evidencia científica y no únicamente en buenas intenciones.
Algunos ejemplos de mi experiencia personal incluyen la guía sobre las normas ISO de Economía Circular desarrollada para CNI/FIRJAN/FIESP y la Guía de Economía Circular de la Red ACV.
En el sector público, el papel de las universidades es igualmente estratégico. Brasil atraviesa actualmente un momento de intensa transformación regulatoria en materia de Economía Circular. Desde el lanzamiento en 2024 de la Estrategia Nacional de Economía Circular (ENEC), avanzan proyectos de ley para una Política Nacional de Economía Circular, nuevas regulaciones de logística reversa, la incorporación de principios circulares en el Plan Nacional de Cambio Climático y programas como Pronarep y Sello Verde Brasil, que evidencian una agenda gubernamental cada vez más comprometida con esta transición.
En este contexto, tuve la oportunidad de colaborar en iniciativas como el capítulo “Residuos y Economía Circular” del Technical Paper de la Presidencia brasileña del G20, además del propio Plan Nacional de Economía Circular desarrollado por MDIC/MMA, que deberá orientar diversas políticas públicas en los próximos años.
En este escenario, la mirada científica e independiente de las universidades resulta insustituible. Evaluaciones de impacto regulatorio, análisis de programas públicos, propuestas de marcos normativos y construcción de criterios de implementación exigen un rigor metodológico que solo la academia puede ofrecer con autonomía.
Enseñanza: formar personas para un mundo que todavía se está construyendo
Sin embargo, la transición hacia la Economía Circular no requiere únicamente nuevos conocimientos técnicos. Exige también una nueva forma de comprender el mundo. El llamado “mindset circular” supone capacidades como pensamiento sistémico, habilidad para visualizar soluciones más allá de la lógica lineal, comprensión del ciclo de vida de productos y cadenas de valor, así como dominio de principios de ecodiseño y materiales de bajo carbono o de base biológica.
Pero las necesidades van más allá de las competencias técnicas. También son esenciales habilidades de comunicación, colaboración y liderazgo en contextos complejos — las llamadas soft skills, frecuentemente ignoradas en los currículos tradicionales. Además, son necesarias nuevas formas de aprendizaje: laboratorios de prototipado, proyectos colaborativos, metodologías basadas en problemas reales y estrategias pedagógicas transformadoras que conviertan a los estudiantes en protagonistas del proceso.
La demanda por este tipo de formación ya existe y sigue creciendo. La oferta, sin embargo, aún es limitada. En este sentido, vale destacar la contribución del Movimento Circular a través de Circular Academy, una plataforma gratuita y abierta de capacitación, además de materiales educativos de alta calidad dirigidos a docentes de distintos niveles de enseñanza.
Personalmente, tuve el privilegio de desarrollar una serie de cinco cursos gratuitos en línea sobre Economía Circular para SENAI-SP y de publicar, también junto a SENAI-SP, el primer libro didáctico de Economía Circular de América Latina.
Investigación: la ciencia que Brasil necesita producir
La Economía Circular como campo de investigación llegó relativamente tarde a Brasil. Los primeros estudios académicos utilizando esta terminología datan de 2014, con una fuerte expansión entre 2019 y 2022. Todavía queda un enorme territorio por explorar, y Brasil posee activos únicos para asumir un rol de liderazgo.
El país alberga una de las mayores biodiversidades del planeta, con un enorme potencial para la bioeconomía — desde combustibles hasta materiales e insumos producidos a partir de recursos biológicos renovables. También cuenta con un amplio repertorio de soluciones sociales desarrolladas históricamente para enfrentar desafíos relacionados con la escasez. Además, el conocimiento y la cultura de comunidades y pueblos tradicionales son cada vez más reconocidos como activos fundamentales para la innovación circular.
Esta evolución es esencial porque Brasil aún convive con profundas desigualdades sociales, bajos índices educativos en algunas regiones, déficits de infraestructura de saneamiento y una creciente cultura de consumo asociada al ascenso social. Todas estas dinámicas hacen que la transición circular sea más compleja y exijan soluciones adaptadas al contexto brasileño.
En este campo, mi propia experiencia profesional refleja cómo gradualmente hemos ido apropiándonos de este conocimiento. Ya en 2014 tuve la oportunidad de realizar una primera contribución sobre cómo la Economía Circular estaba transformando las políticas de residuos en Europa. Con el tiempo, comenzamos a trasladar esa discusión a nuestra propia realidad, como ocurrió en un capítulo de libro publicado en 2024 junto a uno de los aliados del Movimento Circular, dedicado a discutir el papel de la logística reversa como instrumento de Economía Circular en Brasil.
No basta con importar modelos. Necesitamos investigación que dialogue con la realidad de Brasil y del Sur Global, considerando nuestro contexto cultural, social y regulatorio para desarrollar y adaptar modelos de negocio realmente viables y transformadores.
Un ejemplo particularmente relevante impulsado por el Movimento Circular es el modelo brasileño de inclusión de recicladores en sistemas de logística reversa, considerado único en el mundo y fuente de inspiración para otros países. Sin embargo, todavía queda mucho por evolucionar, y eso exige investigación de calidad y bases científicas sólidas.
Si las universidades no lideran, ¿quién lo hará?
La Economía Circular se presenta como una posible salida frente a la actual crisis de sostenibilidad de la humanidad, pero este camino exige cooperación, madurez institucional y capacidad de articulación.
En mi opinión, ya es momento de “llevar la ciencia a la mesa”. Sin embargo, nadie puede hacerlo solo. Por eso, iniciativas como el Movimento Circular son fundamentales para conectar actores y construir puentes entre sectores y conocimientos. También es indispensable garantizar continuidad y fortalecimiento a estas iniciativas.
La transición justa e inclusiva hacia una Economía Circular pasa necesariamente por las aulas, los laboratorios y las alianzas comprometidas con el interés público que solo la academia puede construir. No como un actor secundario, sino como protagonista. Y para ello es fundamental que las universidades asuman, con responsabilidad y compromiso, el papel que la Constitución y la historia les han reservado.
**Este artículo fue inspirado en una presentación realizada junto a CCD Circula, una iniciativa conjunta entre universidades y empresas que busca reducir o eliminar el impacto negativo de los residuos posconsumo, con base en los principios de la Economía Circular y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Mira el video completo.

Profesor, investigador y consultor en Economía Circular, Logística Reversa y Regulación Ambiental. Embajador del Movimento Circular y consejero de Economía Circular del United Nations Global Compact en Brasil.
