
12/03/2026
Circularidad en tiempos de incertidumbre: señales de la próxima economía y el papel de los territorios
*Por André Schelini
Vivimos un tiempo en el que la incertidumbre dejó de ser una excepción y pasó a ser la regla. Las crisis climáticas, las disrupciones tecnológicas, la inestabilidad geopolítica y los profundos cambios regulatorios están rediseñando simultáneamente los mercados, las cadenas globales de valor y la forma en que tomamos decisiones. En este escenario, insistir en modelos lineales de producción y consumo no solo es ambientalmente insostenible, sino también estratégicamente riesgoso.
La economía circular emerge, por lo tanto, no solo como una respuesta ecológica, sino como un modelo de organización económica capaz de generar resiliencia en entornos complejos y volátiles. Circularidad significa aquí repensar flujos, reducir dependencias, retener valor, diversificar fuentes de insumos y transformar residuos en activos. En esencia, se trata de una lógica de supervivencia y adaptación frente a la economía de la incertidumbre.
Las señales de la próxima economía ya están presentes. Cadenas globales más cortas, mayores exigencias de trazabilidad, estandarización de conceptos ambientales, nuevas reglas comerciales, presión por la descarbonización y financiamiento climático selectivo. En este contexto, la circularidad deja de ser un diferencial y pasa a ser un lenguaje de acceso a los mercados. Quienes no hablen ese lenguaje tienden a quedar al margen.
Pero hay un punto central que debe enfrentarse con honestidad: la transición circular no ocurre de forma neutra. Exige inversión, cambio cultural, capacidad técnica y, sobre todo, toma de decisiones en entornos de alta complejidad. Aquí es donde muchos modelos fallan, especialmente cuando ignoran el papel de los pequeños negocios y de los territorios.
Las pequeñas empresas son responsables de la mayor parte del empleo y de la dinámica económica en los países en desarrollo. Sin embargo, también son las más vulnerables a los cambios abruptos de reglas, estándares y exigencias ambientales. Sin apoyo, capacitación y traducción práctica de la circularidad, existe el riesgo de convertir una agenda necesaria en un factor de exclusión económica.
Por ello, la circularidad debe entenderse como una estrategia territorial, y no solo como una política ambiental. Es en los territorios donde la economía ocurre realmente. Allí se generan residuos, se forman cadenas productivas, surgen soluciones y las innovaciones incrementales ganan escala. Cuando conectamos la circularidad con la lógica territorial, abrimos espacio para soluciones contextualizadas, modelos híbridos y transiciones posibles.
En este sentido, la toma de decisiones estratégicas cambia de naturaleza. En lugar de buscar la máxima eficiencia a cualquier costo, gestores y emprendedores pasan a buscar un equilibrio entre eficiencia, resiliencia y capacidad de adaptación. La circularidad se convierte en una herramienta para reducir riesgos sistémicos, diversificar ingresos, ampliar la vida útil de los activos y fortalecer la competitividad en el mediano y largo plazo.
Otra señal clara de la próxima economía es la creciente importancia de la estandarización conceptual. Términos como circular, reciclable, reutilización, subproducto y economía verde han dejado de ser solo narrativas y ahora forman parte de contratos, regulaciones y cadenas globales de suministro. La claridad sobre el significado de estos conceptos no es un detalle técnico, sino un elemento central de gobernanza, cumplimiento y acceso a mercados internacionales.
En este nuevo contexto, liderar la agenda de la circularidad exige más que buenas intenciones. Requiere visión sistémica, capacidad de articulación y compromiso con soluciones aplicables. También exige reconocer que la transición será desigual si no existen mecanismos de inclusión económica. Y, sobre todo, comprender que la circularidad no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir economías más inteligentes, robustas y regenerativas.
La próxima economía ya está en marcha. No será lineal, predecible ni homogénea. Estará marcada por señales difusas, decisiones bajo incertidumbre y disputas por nuevos estándares. La circularidad, cuando se aborda con seriedad estratégica, ofrece un camino posible para navegar este escenario, conectando sostenibilidad, competitividad y desarrollo territorial.
El desafío ahora no es discutir si debemos avanzar, sino cómo avanzar sin dejar a nadie atrás. Y esa respuesta necesariamente pasa por los territorios, por los pequeños negocios y por liderazgos capaces de transformar la complejidad en dirección.
*André Luiz Schelini es director técnico del Servicio de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas de Mato Grosso (Sebrae/MT), con más de 20 años de experiencia en el fortalecimiento de las micro y pequeñas empresas. Magíster en Administración, cuenta con amplia experiencia en liderazgo, innovación, sostenibilidad e internacionalización de negocios, además de trabajar en la promoción del emprendimiento, el desarrollo territorial y las conexiones institucionales en Brasil y en el exterior.
**Este texto fue traducido automáticamente con la ayuda de inteligencia artificial y revisado. Aun así, pueden presentarse pequeñas diferencias con respecto a la versión original en portugués.
